Desde mi rincón
Un espacio donde no escribo para gustar, sino para soltar.
Aquí comparto pensamientos, reflexiones, dolores, y luces.
Porque escribir, también es elegir… y yo elijo ser honesta.
*********
Yo elijo quedarme callada
Cuando de pronto te das cuenta de que todos llevamos un lado oscuro que no conocíamos, el impacto es aplastante. Yo lo llevo, tú lo llevas. Pero a veces, colocamos a ciertas personas en pedestales. Las elevamos, las admiramos, construimos un alto concepto de ellas… y duele cuando se nos caen.
Hay seres humanos que, desde que entran en tu vida, lo hacen rotos, y lo sabes. A primera vista percibes que vienen defectuosos de fábrica. Y aun así, los aceptas. A veces porque no tienes alternativa; otras, simplemente porque sabes que nadie es perfecto.
Pero hay quienes se esconden tan bien, que sus defectos permanecen invisibles. Entonces, cuando caen, el golpe dentro de ti es letal, devastador.
Virginia Woolf lo expresó así: “Cada uno tenía su pasado encerrado dentro de sí mismo, como las hojas de un libro aprendido por ellos de memoria; y sus amigos podían solo leer el título.”
Nadie tiene el derecho de ofender, ni de juzgar, mucho menos de ser cruel. Tampoco de buscar respaldo en otros para reforzar un criterio contaminado por malas intenciones.
En el mundo literario, me ha sorprendido la competencia feroz que existe. Nos creemos con derecho a criticar la obra ajena (yo lo he hecho, lo admito, pero como lectora). Sin embargo, jamás he intentado minimizar el trabajo de alguien, ni destruirlo, ni atacar con crueldad. Para mí, la amistad es sagrada cuando es verdadera. Por eso respeto a mis amigos, y también a los amigos de mis amigos.
Al fin y al cabo, la fama es efímera, sobre todo en una época como esta, donde hay más escritores que lectores. Borges lo dijo sin rodeos: “Todos caminamos hacia el anonimato, solo que los mediocres llegan un poco antes.”
A nuestros colegas hay que respetarles su trabajo, su formación, sus horas de estudio, sus horas de entrega. Hoy abundan quienes escriben sin leer. Pero yo no puedo hablar de corales si nunca me he sumergido en el mar. Leer es conocer a quienes te allanaron el camino. Leer es humildad.
Jamás seremos grandes desacreditando a los demás.
Yo elijo trabajar el doble. Leer. Investigar. Estudiar.
Y me acojo a esta frase de Oscar Wilde: “Las preguntas nunca son indiscretas. Las respuestas, sí.”
Por tanto, también elijo quedarme callada.
Blanca Esther Oropesa
